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Ana González

A LA MILITANCIA

A finales de la década pasada, me trasladé a Madrid para incorporarme al gabinete del Ministerio de Igualdad. Aunque entonces ya conocía el peso específico que Gijón había adquirido en el ámbito del municipalismo español, me sorprendió constatar la admiración y el respeto con el que, tanto en los departamentos ministeriales como en la propia ciudad, se citaba el nombre de nuestra ciudad. No sólo por los grandes conciertos, ni por su riquísima oferta cultural, ni tampoco por sus paisajes o sus playas. Gijón era conocida y valorada por cómo su Ayuntamiento había convertido a la ciudadanía en su propia razón de ser. Por el modo en que la ciudad se había construido a sí misma sin perder de vista a las personas que vivían en ella. Sin desatender sus necesidades, sus sueños, sus inquietudes. Por el vigor con el que un lugar que tuvo que afrontar reconversiones durísimas y, en cierto modo, traumáticas supo resurgir de sus cenizas y transformarse en algo completamente distinto sin dejar de tener presentes sus señas de identidad históricas.

En aquel momento, yo, que había residido en varias ciudades debido a mi trayectoria en la docencia y la función pública -di clases en Luarca, en Ponferrada o en Cangas del Narcea, y también fui jefa de servicio en el Instituto Asturiano de la Mujer- empecé a acariciar la idea de instalarme en Gijón cuando me tocase emprender el regreso a Asturias. Así lo hice en 2011, cuando además el entonces candidato socialista a la alcaldía de Gijón me pidió que me incorporase a la candidatura que al año siguiente se presentaría a las elecciones municipales. No pude sentirme más orgullosa. La ciudad que yo elegía me brindaba la oportunidad de incorporarme, como un eslabón más, a esa larga cadena que formaban las concejalas y los concejales que, desde el inicio de la democracia, habían ayudado a reinventarla.

Precisamente porque conocía el pasado, y porque yo misma formaba parte del presente, desde que Foro Asturias logró la alcaldía con el apoyo del PP en 2011 he podido ver cómo nos robaban el futuro. Cuando retomé mis clases en el IES Universidad Laboral, cuando como consejera de Educación, Cultura y Deporte participaba en algún acto en la ciudad, cuando paseaba por sus calles, cuando reinicié mis colaboraciones con diversos colectivos y volví a recorrer Gijón con los ojos no de quien tiene una responsabilidad de gestión, sino con la mirada de una vecina más, fui consciente de todo lo que se estaba perdiendo, y del peligro que corríamos si la situación no se remediaba pronto.

Esta misma reflexión la he ido compartiendo con mucha gente. La misma que, hace poco más de un mes, me convenció para dar el paso de presentarme a este proceso por el que saldrá elegida la persona que liderará la candidatura del PSOE de Gijón/Xixón a la Alcaldía. Me dicen que sé escuchar a la gente, que me avala mi experiencia como servidora pública en varias administraciones, que mi trayectoria profesional y política tienen toda la solvencia ante la ciudadanía. No creo que sea yo la persona más indicada para hablar de mí misma, pero sí puedo aseguraros que, si algo ha caracterizado mi actitud, en el ámbito público y en el privado, es la honestidad, la seriedad, contar con las personas que trabajan conmigo y la vocación de hacer las cosas del mejor modo posible.

Algunas tardes, sobre todo en primavera, me gusta ir paseando hasta el Cerro de Santa Catalina. Allí, en ese antiguo campo de maniobras militares que corona el viejo barrio de pescadores de Cimavilla, donde comenzó todo, me detengo a contemplar una escultura que pronto se convirtió en símbolo. El “Elogio del Horizonte” se instaló en ese lugar cuando la ciudad empezaba a imaginarse a sí misma, sin miedos ni prejuicios, y a veces pienso que en el monumento de Chillida, tan colosal y sin embargo tan discreto, subyace el mensaje oculto que hemos de recuperar si queremos que Gijón se vuelva a reconocer en sus anhelos. Esta ciudad ha perdido el horizonte que construimos entre todas las personas que la vivimos y la queremos, y es urgente ir a buscarlo antes de que se difumine por completo. Ése es el reto que me planteo y que estoy dispuesta a afrontar si finalmente soy elegida candidata. Y es un reto en el que quiero, en el que necesito, teneros a mi lado.

Ana González Rodríguez

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