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    Sin voluntad política nunca lograremos la igualdad

    • Artículo de la diputada del PSOE en el Congreso de los Diputados, Natalia González, publicado hoy en La Nueva España

    La celebración del 8 de marzo “Día Internacional de las Mujeres”, consigue que los medios de comunicación, los partidos políticos, las instituciones y otras entidades, se sumen al discurso de la lucha por una igualdad efectiva entre mujeres y hombres. Son innumerables las campañas, actos, iniciativas y artículos que, de una forma u otra, ponen la lupa sobre la situación de desigualdad que aún persiste en nuestra sociedad, evidenciando todo lo que queda por avanzar.

    Desde este espacio, me sumo y les doy la bienvenida, aunque en algunos casos, sólo sea por unos días y, ese interés, se deba, sobre todo, a una cuestión estratégica, ya que no sería políticamente correcto, no hacerlo.

    Este año el 8 de marzo está siendo especialmente reivindicativo. Tal vez porque los sindicatos mayoritarios y las asociaciones estudiantiles han recogido el testigo de la huelga feminista, convocando paros y sumándose a sus movilizaciones. Quizás porque la falta de iniciativa del gobierno de la nación para abordar la desigualdad laboral, la brecha salarial y su repercusión sobre las pensiones de las mujeres, o su letargo para poner en marcha las medidas aprobadas bajo la denominación Pacto de Estado contra la Violencia de Género, hacen que la lucha frente a estas cuestiones deba ser permanente.

    Sea por lo que sea es una oportunidad que tenemos que aprovechar para trasladar al conjunto de la sociedad que no seremos un país plenamente democrático si no garantizamos los derechos humanos de más de la mitad de la población, que el aumento de la tasa de actividad femenina es imprescindible para el crecimiento de nuestra economía o que las mujeres no podemos seguir desarrollando en exclusiva la responsabilidad de las tareas de cuidado que asumimos, casi sin darnos cuenta, desde la infancia.

    Se trata de cuestiones básicas que no se pueden abordar desde la impostura, que precisan de una decidida voluntad política e institucional que va mucho más allá de las necesarias campañas de sensibilización. Una tarea en la que tenemos que trabajar diariamente desde nuestra responsabilidad, y en la que no podemos permitirnos ni un solo retroceso.

    La falta de corresponsabilidad en los cuidados, que lastra la incorporación y la permanencia de las mujeres en el mercado laboral, no se puede atajar sin permisos de maternidad y paternidad, iguales e intransferibles, que faciliten la incorporación de los hombres a las tareas de cuidado. Es necesaria una regulación y un diálogo social que apuesten decididamente por formas flexibles de trabajo, ligadas a la conciliación de la vida laboral, familiar y personal, garantizando su voluntariedad y un uso ponderado entre hombres y mujeres. Asimismo es necesario garantizar el desarrollo de una red de recursos y prestaciones dirigidas a facilitar el cuidado y atención de menores y dependientes.

    El incremento de la tasa de actividad femenina precisa de la puesta en marcha de acciones que fomenten la centralidad en el empleo de las mujeres, que atajen la brecha de género que persiste en su acceso a la ciencia y a la tecnología, y que acaben con la precariedad laboral, garantizando por ley la igualdad salarial.

    Finalmente será imposible avanzar en la lucha contra la violencia de género y otras violencias machistas, si no empezamos por cumplir con lo comprometido, habilitando el presupuesto necesario para poner en marcha las medidas aprobadas en el Congreso de los Diputados.

    Por esas cuestiones y por muchas otras que están en la base de esa persistente desigualdad que sufrimos las mujeres, tenemos que movilizarnos, haciéndolo de la mano del movimiento feminista, de ese movimiento organizado de mujeres que está detrás de cada uno de los avances conseguidos. Que con su trabajo y aportaciones contribuyeron a la aprobación de leyes pioneras, como la Ley Integral contra la Violencia de Género o la Ley de Igualdad y que con su lucha impidieron importantes retrocesos, en nuestro derecho a decidir.

    Estoy segura de que el ocho de marzo seremos muchas las personas que secundaremos los paros y saldremos a la calle exigiendo medidas concretas, efectivas y reales contra la desigualdad por razón de género, y que aún seremos muchas más las que, día a día, seguiremos reivindicando, exigiendo y trabajando, para que esa igualdad efectiva entre mujeres y hombres sea una realidad.