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Maricuela

  • Maricuela cumple 102 años

    Noticia publicada en La Nueva España el miércoles 18 de noviembre de 2020

    Una guerra, la lucha en las Milicias, el exilio, el retorno, el enfrentamiento contra la injusticia y, ahora, una pandemia. De todo ha visto en su larga vida Ángeles Flórez Peón, “Maricuela”, nacida, justo ayer, hace 102 años. Cosas de la vida, en medio de otra peste, la de la gripe de 1918. “Tengo que celebrarlo en casa, qué le vamos a hacer”, señalaba ayer esta veterana, todo coquetería y lucidez, en un cumpleaños marcado por las restricciones. Aún así tuvo tiempo para conectarse a un ordenador desde su casa de Gijón y recibir nada menos que la felicitación del presidente del Principado, Adrián Barbón; y del líder local del PSOE, Iván Fernández Ardura. También Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, se acordó de ella en Twitter.

    “Es una pena, porque los hijos, nietos y bisnietos viven en Francia y claro, no han podido venir porque no nos podemos mover. Y la familia de Málaga, pues tampoco, no se puede salir de Andalucía”, explicaba ayer. Aunque sea en la distancia, el recuerdo de quienes bien la quieren le ha llegado en forma de llamadas de teléfono, ramos de flores y hasta dulces, que espera compartir con los más cercanos.

    Maricuela, nacida en Sotrondio, un 17 de noviembre de 2018, se ha convertido en la quintaesencia de la resistencia, avalada por su carácter revolucionario. “Siempre fui una rebelde, quizás porque las mujeres asturianas siempre fuimos muy luchadoras”, repite Flórez, que puede presumir de ser la última miliciana viva. En este siglo largo de vida ha visto y vivido casi de todo, desde que a los nueve años sus padres se separaran y ella se viera obligada a dejar la escuela para ponerse a fregar suelos.

    Después vendría la afiliación a las Juventudes Socialistas Unificadas, el alistamiento en la Milicia, la derrota republicana, la cárcel, el juicio sumarísimo y una sentencia y condena a 15 de prisión “por rebelión militar”. Maricuela tenía 19 años, y pasó los nueve siguientes de presidio en presidio, donde fue testigo del horror y de los fusilamientos de muchas compañeras y sus hijos. Después, la libertad y el exilio de una España asfixiante. Se fue a Francia en 1948 con su marido, para volver en 2003 después de una vida llena de lucha por las libertades de la República. Y desde entonces, no se ha cansado de repetir su historia de lucha: “No por rencor, sino por justicia, para que no se olvide”.

    Hace dos años celebró su centenario rodeada de dos hijos, nietos y un biznieto que se desplazaron a Gijón desde Francia, y para la ocasión se juntaron 300 amigos. Ayer, el 102.º aniversario fue mucho más sobrio, pero igual de emotivo, además del apoyo de Sánchez y Barbón. Con el resto, “ya lo celebraré más adelante”. Palabra de Maricuela.

  • Maricuela, la voz de la doble derrota de las milicianas en la Guerra Civil

    Ángeles Flores Peón ya ha cumplido 101 años y vive en Gijón, a apenas diez minutos en coche del estadio de fútbol de El Molinón y a 20 del antiguo frente de Colloto. Ese espacio, de apenas una treintena de kilómetros, fue el escenario de su propia guerra, la Civil, y también de sus derrotas

    Ángeles asegura que, hoy en día, ya solo responde a las preguntas de los periodistas con los pendientes puestos y sin salir de su salón, una estancia pequeña en la que las rosas socialistas enmarcan historias plasmadas en multitud de placas de homenaje por una acción que ya nadie recuerda.

    A Maricuela, como era conocida por los más cercanos, la guerra le pilló bailando y, con la misma naturalidad, decidió alistarse para ir al frente. Sin embargo, su labor, y la de muchas otras milicianas, fue “minimizada hasta convertirse en una mera anécdota”, tal y como señala Gonzalo Berger, doctor en Historia Contemporánea por la Universidad de Barcelona.

    La llegada de la II República a España en 1931 supuso un avance en derechos y libertades para las mujeres con iniciativas como la conquista del voto, el matrimonio civil, el divorcio o las oposiciones a puestos del Estado.

    Estos cambios, que igualaron a España con la Europa vanguardista de los años 20, apostaron “por la modernización del país”, subraya Berger, aunque, tal vez, se sucedieron “más rápido de lo que la otra parte del país estaba dispuesta a asumir”.

    A pesar de que Maricuela tuvo claro que lucharía “porque era de la República”, no fueron sus únicas razones. “El hecho de que muchas mujeres se enrolaran de forma voluntaria los primeros días tras el golpe”, señala Ana Martínez Rus, doctora en Historia Contemporánea en la Universidad Complutense de Madrid, fue una maniobra “en consonancia con lo que estaba en juego a nivel general, pero sobre todo para ellas”.

    No obstante, lo que en un primer momento fue una iniciativa pionera a nivel mundial, y una gran maniobra propagandística para la República, pronto se volvió un inconveniente. Mientras que a un lado de la frontera las instantáneas de Marina Ginestà daban la vuelta al mundo, detrás de la barrera de los Pirineos el día a día de las milicianas en el frente era muy distinto. Equipadas con mono, pantalón y fusil y llevando a cabo acciones consideradas masculinas, generaron rechazo tanto en su propio bando como en el del enemigo debido a que, según el historiador, “a algunos combatientes les humillaba profundamente que hubiese mujeres que fueran más valientes que ellos”. Con el recrudecimiento del conflicto, voces de su propio bando se alzaron para pedirles que dejaran la primera línea y se ocuparan de las labores de la retaguardia.

    La forma en la que consiguieron la salida de muchas de estas mujeres fue una campaña propagandística de desprestigio. En las calles empezaron a colgar carteles en las que igualaban a las mujeres del frente con las enfermedades venéreas. Poco a poco las desplazaron de la primera línea de combate.

    Maricuela conoció mejor la tierra en la que se había criado en apenas un año que sus padres en toda una vida. Tuvo que arrastrarse por ella para esquivar las balas y llevar la comida a los combatientes, que luchaban tras un parapeto. Solo libró un día y quien la sustituyó en la trinchera murió de un disparo por no agacharse lo suficiente.

    Aunque no sabe si fue o no valiente, Maricuela estuvo en el frente, y, cuando regresó, tuvo que sufrir las consecuencias de su doble derrota: la primera, desde el primer momento en que, destaca Berger, “no les dejaron ser lo que querían ser” y la que vino después con la victoria de los sublevados.

    Cuando las tropas franquistas llegaron a su tierra, Maricuela y sus dos compañeras milicianas tuvieron que enfrentarse a las duras condiciones del penal en el que ingresó con apenas 18 años y donde sufrió continuas vejaciones. Después llegarían un Consejo de Guerra sumarísimo y el miedo al temido “paseo”, como eran conocidos los fusilamientos entre las reclusas.

    Cuatro años después, cuando salió de la cárcel, su España era otra. Franco había ganado la guerra y las mujeres que estuvieron en las trincheras fueron duramente represaliadas: les raparon el pelo, las violaron, les robaron su dignidad. Fue “terrible”, recuerda Maricuela, quien asegura haber sacrificado “lo mejor de su juventud” en la contienda.

    Con la muerte de Franco y la llegada de la democracia, aquellos que estaban en el exilio regresaron, y con ellos sus vivencias. La Columna Durruti, la liberación de París o la Batalla del Ebro comenzaron a escribir sus propias páginas en los libros de Historia. Quienes no regresaron, aunque nunca se marcharon, fueron las milicianas, que callaron sobre sus vidas. “Nunca explicaron cuál fue su lucha y cuál su derrota, una doble derrota”, apostilla Berger.

    Tuvieron que pasar casi cinco décadas, en 1989, para que el papel de las milicianas en la Guerra Civil fuera tenido en cuenta como objeto de estudio. No fueron protagonistas ni en la Historia ni en la ficción, y su papel en el conflicto fue silenciado. “Resultaron estigmatizadas por los franquistas primero, por los republicanos después y acabaron olvidadas”, asegura Rus.

    A pesar de que actualmente se realizan actos que conmemoran su papel en el conflicto, la crisis sanitaria causada por la COVID-19 ha suspendido homenajes importantes, como el organizado por la Fundación Pablo Iglesias, ligada al Partido Socialista, sobre las mujeres pioneras en la España Contemporánea.

    Décadas de silencio terminaron por enterrar la historia de las milicianas, que hoy resiste gracias a figuras como Maricuela o el que ella bautiza como “su hijo adoptivo”, Pedro Alberto, quien insiste en la necesidad de hablar, de “reivindicar la memoria de todas aquellas mujeres que estuvieron presas” o participaron en la Guerra Civil y que “no pudieron contarlo nunca”.

    Ella, sentada en su sillón orejero, le da la razón. “Yo no cuento lo que me contaron, yo lo viví”, señala y, aunque el tiempo vaya en su contra, seguirá contando su historia a quien quiera escucharla, desde el principio hasta el final. Hasta que, como dice al despedirse, “me venga la libertad”.

  • “Cien años de mi mamá”

    HOMENAJE A ÁNGELES FLÓREZ “MARICUELA”
    100 años de socialismo

    El pasado 17 de noviembre de 2018, la Agrupación Municipal Socialista de Gijón/Xixón organizó un más que merecido homenaje a nuestra entrañable compañera Ángeles Flórez “Maricuela”, al cumplir cien años. Su hija, María Ángeles, leyó en nombre de la familia (hijos, nietos y biznieto) un hermoso texto cargado de emotividad que reproducimos íntegramente:

    Acceder al álbum de fotos del Homenaje

    Cien años de mi Mamá

    Sé muy bien la suerte que tengo al poder felicitarte el día de tus cien cumpleaños. Es un verdadero privilegio, una felicidad muy grande. ¡Cien años!

    ¡Un siglo de vida!

    ¿Cómo será posible? al verte tan elegante, con tus zapatos de tacón y tus “ojos de agua” —como dice un amigo mío—, después de una operación de cadera hace un mes.

    Un médico te dijo un día que era imposible que hubieras nacido en esa fecha, que estaba seguro de que alguien se había equivocado.

    ¡Cien años!

    Pero si fue ayer cuando me sentaba a tus pies para mirarte mientras te pintabas, y pensaba que eras la más guapa de todas las mamas que conocía.

    Pero si fue ayer cuando te veía en la ventana al volver de la escuela, y tú, que nunca habías ido, ponías tanto interés en aprendernos la gramática española.

    Como a todos los niños, nos contabas cuentos. Nos hablabas de un país muy bonito que se llamaba Asturias, donde vivían dos abuelitas, tíos, tías, primos, una madrina… todos ellos nos querían mucho. Era un poco como el Papa Noel, a veces llegaban regalos, cartas. Y como para el Papa Noel no sabía si era verdad o mentira. Eran historias hermosas, a veces tristes porque se te llenaban los ojos de lágrimas y en otras ocasiones daban un poco de miedo.

    Unos años más tarde, niña todavía, supe que el miedo era una realidad cuando nos llevaste con tanta ilusión por primera vez a España y nos detuvieron en la frontera. Recuerdo muy bien ese verano de angustia. Recuerdo muy bien el día que te vi marchar con tu maleta y nos decías: “Si me meten presa, no os veo más hijos míos”. Recuerdo muy bien nuestra espera angustiada a las siete de la mañana en el andén de la estación de Gijón. Esperábamos a papá, que llegaba un mes más tarde. No sabíamos si estaba en el tren o si lo habían arrestado a él también en la frontera. Y por fin, ¡bajo papá del tren!

    Durante muchísimos años volvía a mí esa misma angustia de niña cada vez que cruzaba una frontera.

    Te gustaba mucho bailar, ¡cantabas siempre! Supe cantar primero las canciones de Carlos Gardel, de Antonio Machín que las de los Beatles. Para muchos “Asturias, patria querida” es un himno, para mí es una canción de cuna.

    Recuerdo todas esas cosas raras que no hacían mis amigas, como comer uvas por Nochevieja en un mes donde no se encontraban por ningún sitio. Esos dos mundos, tan diferentes, tan opuestos. En el primero se hablaba español, en el otro francés. Tengo muchos más, más íntimos que guardo encerrados como vitaminas personales.

    Franco, “Caudillo de España por la gracia de Dios”. Franco, muerto —en su cama— pero muerto ese 20 de noviembre. ¡Qué alegría la vuestra! Era día de fiesta en Lyon, día del “Beaujolais Nouveau”, el vino verde. La ciudad entera parecía festejar la muerte del tirano. ¡El día tan soñado había llegado! Las maletas, esperando desde tantos años, podían cerrarse.

    ¡Pero no fue posible volver! ¡No fue posible entonces! No fue posible dejar a los seres queridos atrás, toda una vida. Un refugiado que vuelva o que no vuelva nunca será un ser entero. Siempre dejará una parte de sí mismo en un lugar del mundo.

    Al morir papá, volviste con él. Tomaste una decisión difícil con más de ochenta años. Y como la historia se repite lo hiciste con paso firme, sin mirar hacia atrás.

    Tuviste razón. Tengo que decirte que siento admiración al ver lo que has construido en pocos años. Toda esta gente reunida aquí para felicitarte.

    Como dicen los franceses: ¡Chapeau maman!

    Quiero agradeceros, a ti y a papá, la herencia que nos habéis dejado. Y no hablo de dinero, de pisos, hablo de respeto. Respeto por uno mismo primero. Respeto por todo lo que vive en nuestro planeta: sean personas, animales o vegetales.

    Qué diferente sería el mundo si la palabra respeto se empleara en vez de consumo, de provecho.

    ¡Te queremos! Estoy segurísima de que todos aquí te deseamos que cada segundo, cada minuto, cada hora de tus cien años sean tan bellos como esta rosa.

    ¡Feliz cumpleaños!

    Maricuela 100 años de juventud[1545]

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