• Lealtad institucional

    • Artículo del concejal del PSOE, César González, publicado hoy en La Nueva España

    Nadie podría esperar de una primera toma de contacto que se llegara a grandes concreciones y tampoco era ese el objetivo del PSOE cuando impulsó una ronda de contactos con los grupos políticos de la corporación. No obstante, estos encuentros han dejado claro que los partidos mantienen la hoja de ruta de la campaña electoral e incluso se podría decir que la tónica sigue siendo la misma del mandato que estamos finalizando. Ni siquiera el clamoroso retroceso electoral sufrido por Podemos y Foro Asturias parece haber modificado sus posiciones; unos siguen con su particular apuesta de todo o nada, mientras que otros siguen ofreciendo una particular interpretación de la realidad donde ya no se sabe si hablan de Gijón o del País de las Maravillas de Alicia.

    Como ya no sorprende que los decálogos de Podemos tengan tamaño flexible y sabemos que en cuestión de horas pueden pasar de cuatro a diez o cuarenta puntos, nos centraremos en la última astracanada del presidente local de Foro Asturias a cuenta de la supuesta falta de lealtad sufrida por el equipo de Moriyón. Una especie de lección magistral que mezcla los conceptos de respeto y lealtad ignorando que no son lo mismo y que su significado varía según se aplique a una persona o a una institución.

    Decir que el PSOE de Gijón no ha tenido lealtad institucional es una auténtica falta de respeto, también a la verdad, a una nuestra organización. Porque los y las socialistas tenemos muy claro que las instituciones son las principales herramientas de cambio y transformación social. Y por ello, porque creemos en lo colectivo frente a lo individual, y creemos en un estado fuerte frente a quienes prefieren su adelgazamiento, a lo largo de nuestros 140 años de historia hemos dado innumerables muestras de esa lealtad institucional y no hace falta remontarse al golpe de estado del 18 de julio de 1936, a la represión vivida en la dictadura o más recientemente al coraje que durante varias décadas demostraron nuestros compañeros y compañeras del País Vasco.

    Si nos centramos en lo cercano, me temo que desde Foro Asturias no se podrá poner ningún ejemplo de esa falta de lealtad o respeto institucional. Sea por el acuerdo de las derechas en 2011 o por el desacuerdo de las izquierdas en 2015, la señora Moriyón ha sido Alcaldesa de Gijón y eso es incuestionable. Es más, desde el máximo de los respetos a la persona y desde la discrepancia política, aprovecho para agradecerle los servicios prestados porque ser regidora de una ciudad como la nuestra no es tarea fácil. Pero lo cortés no quita lo valiente, al PSOE le ha tocado liderar la oposición y eso es lo que hemos hecho, con decisiones más y menos acertadas y con posiciones más y menos entendibles. Hemos realizado innumerables propuestas, hemos ejercido la correspondiente labor de seguimiento y control del gobierno, hemos participado activamente en la confección de ordenanzas, hemos colaborado en la mejora de un documento como el PGO, hemos estado presentes en todos los barrios de la ciudad atendiendo demandas territoriales y sectoriales… Y hemos trabajado con mucha intensidad y dedicación, tal y como merece la ciudad, sus vecinos y vecinas, y la Institución.

    Y como ocurre en democracia, aunque nadie hablara con nosotros y los socios preferentes fueran otros, hemos apoyado algunas iniciativas y otras no. También, como no, hemos cuestionado aquellas actuaciones que no nos parecían adecuadas, empezando por la primera decisión que tomó Foro Asturias en 2011, cuando en un alarde de lealtad institucional expulsó a la oposición de los consejos de las empresas municipales, unos órganos que hasta entonces tenían representantes de todos los partidos políticos. Si lo que esperaban es que apoyáramos y aplaudiéramos cualquier proyecto del gobierno saliente, más que lealtad, lo que el presidente local de Foro reclamaba era sumisión.

     

     

  • La fuerza del voto

    La Constitución, en su artículo primero, dice: “la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”. Esto se traduce, de manera etimológica, en esa preciosa palabra por la que muchos lucharon, “democracia”.

    Democracia es poder elegir, poder decidir. Es, en ese sencillo acto cargado de tanta responsabilidad social, donde los ciudadanos dibujan el futuro y, porque no decirlo, reflejan lo pasado. La ciudadanía con su capacidad de análisis y reflexión, con su formación cívica en una democracia consolidada, ejercerá el próximo domingo su derecho al voto, y lo hará comparando las diferentes propuestas, y lo hará pensando en el futuro. Un futuro con dos posibilidades. Por un lado, las fuerzas de la derecha- Cs, FORO, PP y VOX-queriendo volver al blanco y negro. Y enfrente, gobiernos progresistas, gobiernos del Partido Socialista Obrero Español, de Ana González Rodríguez en Gijón y de Adrián Barbón en Asturias.

    Gobiernos igualitarios, inclusivos, sociales. Gobiernos de derechos; de sanidad, de educación, de justicia social. Gobiernos en donde el cuerpo de la mujer no es una vasija, donde la violencia de género no es lo mismo que violencia doméstica, donde no es no y lo que no es sí es no.

    En Gijón hemos tenido ocho años muy duros, cuatro donde FORO aprovechó inercias pasadas, y cuatro de eterno letargo. Años en donde se ha reducido la deuda con los bancos para aumentar la de vecinos y vecinas de nuestra ciudad, 81 millones de euros se deben a los gijoneses en el plan de fachadas. Años donde se ha paralizado al ayuntamiento, convirtiéndolo en una maquina burocratizada y burocratizadora en vez de un motor en la construcción de Gijón. Años donde las playas se tiñeron de marrón y los barrios languidecieron. Años donde el rico tejido cultural, asociativo, deportivo de nuestra ciudad se encontró sin liderazgo político claro y con multitud de trabas. Años del gobierno de FORO y Carmen Moriyón.

    No nos podemos permitir ni un día más de parálisis. El Partido Socialista construyó el Gijón del que muchos nos sentimos orgullosos, y quiere construir el Gijón del futuro. Un Gijón dinámico, abierto, acogedor, sostenible, igualitario, descentralizado, social. Con Ana González Rodríguez de alcaldesa se construirá un Gijón que impulse la actividad económica, la innovación, el comercio de proximidad, apueste por la cultura, la educación, la movilidad, el medio ambiente. Un Gijón de y para las personas. El Gijón que queremos.

  • El Rey desnudo

    • Artículo del concejal del PSOE, César González, publicado hoy en El Comercio

    Han pasado ocho años desde Foro Asturias accediera a la Alcaldía de Gijón izando la bandera de la transversalidad que enmarcaba el proyecto político liderado por un veterano como Álvarez Cascos. El otrora General Secretario del Partido Popular cambió su chaqueta azul de toda la vida por una prenda multicolor que utilizaba para inaugurar la era de la “nueva política”, proclamar el fin de las ideologías y prometer trabajo a tres turnos. Ahí es nada.

    Pese a lo cruento de la batalla interna que originó la salida de Cascos de su casa, tras las elecciones de 2011, populares y foristas no tuvieron problema alguno en sumar sus votos para aupar a Carmen Moriyón a la Alcadía de Gijón y posteriormente compartir tonalidad de chaqueta para aprobar presupuestos, ordenanzas o lo que fuera menester.

    Ante la cercanía de la elecciones municipales de 2015, el fondo de armario fue ganando amplitud y se hizo sitio para una chaqueta verde que servía para agradecer el apoyo de VOX a la candidatura de Moriyón. Si el presidente de la formación de ultraderecha alertaba del gran peligro que suponía que Gijón cayera en manos de “la izquierda y del populismo más virulento” para justificar su incomparecencia en las elecciones, la regidora compartía el temor y agradecía el apoyo.

    Poco después, con los resultados electorales en la mano y una mayoría de izquierdas que ponía en riesgo el sillón de la Alcaldesa, ésta no tardó en encontrar una chaqueta morada en la esquina opuesta del armario para lograr una entente cordial, como diría Cascos, con los que hasta poco antes eran la grana amenaza para la ciudad. Bajo el lema de que “nos une más que nos separa”, defendió (también convenció) que tanto Foro como Podemos representaban la nueva política y que sus inquietudes eran similares.

    A la vista de lo sucedido en el presente mandato, donde tan pronto pactaba unos presupuesto con Podemos e IU como se presentaba a las elecciones generales con el PP o participaba en la foto de Colón, habrá algún mal pensado que considere que aquello de la transversalidad era un eufemismo y que estamos más bien ante un caso de travestismo político. Cualquier opinión es respetable, pero es indudable que el señor Álvaro Muñiz sigue la senda marcada por su jefa de filas.

    La mejor muestra de ello la tuvimos el pasado fin de semana con la presentación de su candidatura, donde se negó a sí mismo (no sabemos si se sonrojó o no) y llegó a sentenciar que no tenía nada que pactar con VOX. Es evidente que, tras los resultados de las elecciones generales, la cercanía a la extrema derecha no es conveniente y alguien sugirió al señor Muñiz que tomara distancia. Lo que probablemente nadie se atrevió a decirle es que ya no hay fondo de armario y que las chaquetas carecen de color. Quizá nadie le haya dicho al rey que está desnudo.

  • Tribuna de opinión de Ana González

    Ni para coger impulso

    Artículo de opinión publicado por Ana González Rodríguez, Candidata Socialista a la Alcaldía de Gijón/Xixón en El Comercio con motivo del 8 de Marzo

    Nos encontramos a las puertas de una movilización que se prevé histórica, la que tendrá lugar mañana con motivo del Día Internacional de la Mujer, y arrecian los ataques al feminismo por parte de quienes han convertido las reivindicaciones de las mujeres en un enemigo que hay que abatir a toda costa. No es un fenómeno nuevo. Hace tiempo que determinadas voces, todas enmarcadas en el flanco derecho del espectro ideológico y a las que caracteriza su retórica maniquea y tabernaria, se obstinan en ridiculizar todo cuanto se refiera a las demandas de una igualdad que aún dista mucho de ser real y efectiva. Sin embargo, sorprende que se mantengan impasibles en sus postulados y sus dogmas cuando hace tiempo que la realidad comenzó a darles la espalda. Cuando cada vez más gente asume que sólo avanzaremos hacia una sociedad mejor si mujeres y hombres caminamos a la par, disfrutando de los mismos derechos, compartiendo idénticas obligaciones y partiendo de la casilla de salida con la certeza de que unas y otros dispondremos de similares oportunidades.

                Evidentemente, esto no gusta a quienes se identifican con los valores más reaccionarios. A quienes parecían estar más cómodos cuando los roles estaban perfectamente delimitados y era al hombre a quien correspondía tomar el timón mientras la mujer ocupaba un lugar puramente subsidiario. A menudo, escuchando las opiniones que diversos representantes de la derecha española vierten sobre el feminismo y sus objetivos, no puedo evitar pensar que añoran en secreto los tiempos en que las mujeres necesitábamos una autorización de nuestros maridos para acudir al banco o no teníamos siquiera la posibilidad de divorciarnos. En algunos casos, esa nostalgia por un tiempo pasado y peor es evidente: no hay más que ver los resquemores que provoca la interrupción voluntaria del embarazo, y cómo algunos partidos insisten en retroceder para situarnos en el mismo nivel en el que nos encontrábamos en la década de 1980, cuando con mucho esfuerzo se aprobó la ley que ahora quieren retomar y a la que, es preciso recordarlo, se opusieron en su momento por juzgarla demasiado avanzada. Los derechos se conquistan, sí, pero después debemos permanecer alertas para que nadie nos los arrebate. Y ahora que falsos liberales y ultraderechistas verdaderos aguardan el menor despiste para hacer que nuestros relojes se atrasen varias décadas, es más necesario que nunca tener eso presente.

    Por eso es necesario que las mujeres reivindiquemos, cada vez con más fuerza, nuestro papel en la sociedad, en la vida y en la historia. Hemos vivido arrinconadas durante muchos siglos como para que nos resignemos a permanecer orilladas por más tiempo. Y en esa iniciativa que debemos tomar, que ya hemos tomado, para hacer oír nuestras voces, la unión y la organización son dos herramientas indispensables. Lo sabemos bien en Asturias, donde no hace muchos años las mujeres de Gijón y Barredos se aliaron para poner en marcha una iniciativa que hubo quien consideró una locura, pero que se convirtió en el primer éxito multitudinario del feminismo español en este siglo. Me refiero al Tren de la Libertad, que inundó las calles de Madrid de colores morados y terminó provocando la dimisión de un ministro que pretendía devolvernos a la era de las cavernas. El Tren de la Libertad abrió un camino, tanto es así que las teóricas feministas sitúan en este momento e iniciativa el inicio de la Cuarta Ola del feminismo. Desde ese momento las feministas hemos sido aún más conscientes de nuestra capacidad y nuestra fuerza. Lo comprobamos el 8 de marzo de 2018, cuando alcanzamos cifras hasta entonces inéditas de participación en las movilizaciones convocadas por el Día Internacional de las Mujeres, y estoy segura de que lo comprobaremos también mañana, cuando esas cifras sean aún mayores y las mujeres constatemos que somos uno de los mayores motores con los que cuenta nuestra sociedad en su camino hacia el progreso. Si defendemos lo conseguido, si nos obstinamos en continuar en busca de nuevos horizontes, no habrá nadie que pueda pararnos. Lo dijo María Teresa Fernández de la Vega cuando inauguramos en Gijón la Casa Malva, hace ya algunos años: «Las mujeres no debemos dar ni un paso atrás ni para coger impulso».

    Kiosko y Más

  • La foto de la vergüenza

    • Artículo de la candidata del PSOE a la Alcaldía de Gijón, Ana González, publicado en La Nueva España de Gijón

    Hubo muchas banderas y ninguna verdad el domingo pasado en la plaza de Colón. La convocatoria lanzada por Ciudadanos y secundada por el PP y por esa ultraderecha a la que ambos se han aliado desesperadamente a la busca de un inmediato rédito electoral no les salió como esperaban y sirvió, fundamentalmente, para que sus líderes nacionales y autonómicos quedaran retratados. Ocurrió así en sentido metafórico -puesto que todos parecían sentirse muy en su salsa en compañía de formaciones tan poco ortodoxas, desde el punto de vista democrático, como Falange u Hogar Social-, pero también en el literal, dado que ninguno puso el menor problema para que les inmortalizasen en una instantánea que ya se conoce como la foto de la vergüenza por cuanto implica la claudicación de una derecha que se calificaba a sí misma como constitucional ante los nuevos abanderados del neofranquismo.

    Estaba allí, en primera fila y ocupando plaza junto a Pablo Casado, la mismísima Carmen Moriyón, alcaldesa de nuestra ciudad, quien un día antes ya había convocado por su cuenta y riesgo una concentración “por la unidad de España” que ni siquiera llegó a reunir a mil personas en Oviedo. Quizá haya que recordar que hace cuatro años, poco antes de las elecciones municipales de 2015, la formación ultraderechista Vox anunció que no presentaría candidatura en Gijón porque se sentía totalmente identificada y representada por la de Carmen Moriyón y con las políticas desarrolladas por Foro Asturias. La noticia pasó algo inadvertida en aquel momento, pero dejó las claves de una evidencia: el partido fundado por Álvarez-Cascos y donde ahora ostenta el poder la propia Moriyón se encuentra más próximo a aquéllos que quieren romper el Estado de las autonomías (y, por tanto, la Constitución), acabar con el feminismo y restringir nuestras libertades que con quienes nos obstinamos en defenderlas. Cabe preguntarse cómo es posible que desde la izquierda no todo el mundo lo viera así y hubiera quienes prefiriesen entregarles el poder durante cuatro años más, antes de explorar un pacto progresista para la mayor ciudad de Asturias. En fin.

    La presencia de Carmen Moriyón en la que ya ha sido llamada “la foto de la vergüenza”, avergüenza, sonroja, abochorna, máxime porque estamos hablando de la persona que, más allá de ser la Alcaldesa de Gijón, es la responsable de las políticas de igualdad en nuestra ciudad. De ella depende directamente la Oficina de Políticas de Igualdad desde la que se impulsan y diseñan las políticas para acabar con la discriminación que sufren las mujeres por ser mujeres, para luchar contra la violencia de género y dar asistencia integral  a las mujeres que la sufren: el Centro Asesor de la Mujer; programas  en centros educativos como Educar para la Igualdad, Escuela Feminista Rosario Acuña, la  Unidad de Género o subvenciones a asociaciones y colectivos de mujeres, son algunos de sus servicios y programas. Pero ella arropa a VOX, un partido que niega la violencia de género, que quiere derogar la Ley integral, que denuesta e insulta al movimiento feminista, que quiere prohibir el aborto negando los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

    ¿Quién es Carmen Moriyón? ¿Se puede ir  de la mano de VOX en la plaza de Colón e inaugurar en Gijón el parque del Tren de la Libertad? ¿No sintió vergüenza de estar allí y negar así a su ciudad, a las asociaciones de mujeres de Gijón  y su trabajo a favor de la igualdad? ¿Se sintió cómoda nuestra alcaldesa al estar en primera línea con quienes están en contra de la igualdad de mujeres y hombres, niegan la desigualdad de género y los derechos de las mujeres?

    Gijón y Asturias significan todo lo contrario de lo que significa esa ultraderecha con la que no solo empatiza Moriyón, sino también quien puede llegar a ser su sucesor, Álvaro Muñiz, quien reconocía que pactaría, sin ningún pudor, el presupuesto de Gijón con VOX.

    Nuestra ciudad y nuestra comunidad autónoma se han caracterizado siempre por su hospitalidad con quienes vienen de fuera, por su lucha en favor de las personas trabajadoras, por avanzar en busca del futuro sin regodearse en la exaltación de vacuas glorias imperiales. Al menos ahora ya sabemos que Moriyón y su partido, FORO, prefiere correr a hacerse fotos vergonzantes con lo más rancio y casposo de la política nacional a gestionar una ciudad que, bajo su mandato, se ha convertido en una mala y amarga sombra de lo que fue en sus mejores tiempos.

     

  • El legado de los ausentes

    • Artículo de la candidata del PSOE a la Alcaldía de Gijón, Ana González, publicado en El Comercio

    No empezó el año con buen pie en nuestra ciudad. En los siete días que mediaron entre el 14 y el 21 de enero, de lunes a lunes, tuvimos que afrontar cinco pérdidas dificilísimas por el enorme sentimiento de orfandad que dejaron a su paso. Cinco fallecimientos totalmente inesperados de personas que, además de ser muy queridas y apreciadas por sus respectivas trayectorias, compendiaban, cada una a su manera, lo mejor de una época que también era nuestra y que poco a poco va quedando atrás de manera irremediable.

    El primero en decir adiós fue Juan Cueto Alas. Tenía la Medalla de Oro del Principado de Asturias y era Hijo Adoptivo de Gijón, y ninguno de esos reconocimientos le fue dado por capricho. Sus conocimientos, su vocación de aprender constantemente, su atención al pulso de los tiempos, hicieron de él una personalidad brillante que puso en marcha proyectos que destacaron con luz propia y que aún hoy se citan constantemente como referentes ineludibles. A él se debieron Los Cuadernos del Norte, aquella revista que marcó un paradigma en el panorama cultural de los ochenta, y de sus ideas nació el diseño español de Canal Plus, la primera televisión de pago de nuestro país.Con ella inició una senda que muchos creyeron errónea pero que terminó marcando el desarrollo del sector audiovisual. No sólo eso: en sus artículos, en sus libros, Cueto analizó el camino que nos iba conduciendo desde la posmodernidad a la globalización y, con su mirada lúcida y casi siempre profética desentrañó las claves del presente y aventuró la dirección del porvenir. Pero además, los asturianos y las asturianas le debemos algunos libros, como la ‘Guía secreta de Asturias’ o ‘Los heterodoxos asturianos’, que fueron importantísimos porque supieron observar nuestra comunidad autónoma desde una perspectiva clarividente y sanamente escéptica, concienzuda y desmitificadora.

    Un día después, sin darnos tiempo a digerir la tristeza, fallecía en su domicilio de Gijón el dibujante Isaac del Rivero, un artista conocido y reconocido cuyos trazos de adscripción hiperrealista forman parte del imaginario de varias generaciones. Su impronta, sin embargo, va más allá, y esta ciudad nunca le agradecerá lo suficiente el que, en 1963, tomara la iniciativa de instaurar en la Universidad Laboral un Certamen Internacional de Cine para la Infancia y la Juventud. En él estuvo el germen del actual Festival Internacional de Cine de Xixón, que conserva una sección modélica llamada ‘Enfants Terribles’ como homenaje a aquellos primeros tiempos en los que esta cita se dedicaba por entero a las generaciones más jóvenes. Quiero recordar también que Isaac del Rivero se ocupó de adaptar al cómic textos tan importantes de nuestra literatura como ‘La Regenta’ o ‘Adiós, Cordera’, y que también trasladó al lenguaje de las viñetas la vida de Jovellanos. Fueron empeños en los que persiguió, como siempre hizo, la excelencia artística, pero en los que también actuó movido por un intenso afán divulgador que permitió que la obra de ‘Clarín’ y la biografía del ilustrado gijonés llegaran de manera natural a un público amplio.

    Poco se puede decir de Vicente Álvarez Areces que no se haya dicho ya –yo misma me referí por extenso a su legado en un artículo que se publicó en este mismo periódico al día siguiente de su fallecimiento-, pero, al mismo tiempo, todo lo que se diga se quedará corto ante la magnitud de un legado que definirá durante mucho tiempo las personalidades de Gijón y Asturias. Es bien fácil apreciar todo lo que de él ha quedado en nuestra ciudad: basta con salir a la calle y dar unos pocos pasos para que, en cualquier esquina, nos encontremos con algún logro que, directa o indirectamente, debemos a Tini. El Teatro Jovellanos, los Centros Municipales, la red de saneamiento, la reforma integral de El Llano, las playas de Poniente y El Arbeyal o la Semana Negra, en cuyo nacimiento también tuvo mucho que ver Juan Cueto, son sólo unas pocas de sus muchas contribuciones a esta ciudad que le debe, en buena medida, su actual razón de ser. Su apuesta por el campus universitario de Viesques y su tesón para restaurar e imprimir un nuevo rumbo a la Universidad Laboral son el mejor ejemplo de su apuesta por la educación y la cultura, las piedras básicas sobre las que cimentó su pensamiento político y que siempre defendió sin ambages porque sabía que sólo a través de ellas se conforma una sociedad abierta, participativa y crítica.

    Esa sociedad era la que defendía, desde su republicanismo activo y mantenido a lo largo de las décadas, el apreciado Francisco Prendes Quirós. Sus facetas de abogado y de escritor, y los paseos que le convertían en un rostro habitual de las calles y las plazas y los cafés gijoneses, constituyeron la parte más visible de una personalidad riquísima y en cuya biografía destaca su importante contribución a nuestra democracia. Prendes Quirós fue, como recientemente recordaba Pedro de Silva, el hombre de Tierno Galván en Asturias, lo que es tanto como decir el representante de una idea del socialismo y la convivencia que cobró gran relevancia a partir del momento en el que nuestro país recuperó las libertades que le habían arrebatado los cuarenta años de dictadura. Formó parte del Gobierno preautonómico, el punto de partida de lo que hoy es Asturias, y todas las personas que compartieron con él aquellos años le agradecieron siempre su disposición al diálogo y un talante nada sectario y mucho más propenso al acuerdo que a los maniqueísmos.

    Y cuando la semana ya nos había sumido en una tristeza y un desconcierto que parecían definitivos, el pasado lunes conocimos el fallecimiento de Elena de Uña, una de esas mujeres que dejan huella allí por donde pasan porque su compromiso y su trabajo son tan admirables como invencibles. A Elena la recuerdan bien en la Sociedad Cultural Gijonesa y en otras iniciativas asociativas y culturales en las que se implicó todo lo que pudo y más, porque estaba firmemente convencida de que la cultura es el principal motor de las sociedades, y sabía que para arrancarlo con solvencia lo mejor es situarla a pie de calle. Era una mujer discreta, sin afición a ocupar primeros planos, pero cuya labor se hizo imprescindible a la hora de auspiciar iniciativas y proyectos que, desde finales de la década de 1970, ayudaron a dinamizar una ciudad que amenazaba con morir de depresión y terminó erigida en estandarte de un modo de entender la vida, la agitación social y la convivencia. Como mujer, no puedo menos que reivindicar su ejemplo. Como socialista, debo decir que me precio de haberla tenido como compañera.

    Demasiada pérdida en muy poco tiempo para una ciudad que ahora tendrá que ir paulatinamente digiriendo sus ausencias. Sin embargo, éstas no deben ser una excusa para que su trabajo permanezca sólo en el recuerdo. Hay dos objetivos inmediatos que Gijón se debería plantear para no ser desleal con todo lo que estas personas hicieron por y para ella: primero, perpetuar adecuadamente su memoria; después, tener presente todo lo que nos enseñaron y aprovechar ese bagaje para impulsarse hacia el futuro. Ni podemos ser injustos con su legado, ni nos podemos permitir el lujo de no tenerlo en cuenta.

  • El gran Alcalde de Gijón

    • Artículo de la candidata a la Alcaldía, Ana González, sobre el fallecimiento de Vicente Álvarez Areces, publicado en El Comercio

    Hay nombres propios que resultan ineludibles a la hora de explicar una época determinada. El de Vicente Álvarez Areces, ‘Tini’, es indispensable si se trata de referirnos al Gijón y la Asturias que hemos venido conociendo a lo largo de las cuatro últimas décadas. Desde que accedió por vez primera a la Alcaldía de nuestra ciudad, en 1987, hasta que cesó como presidente del Principado, en 2011, su pasión por la política y su compromiso firme con las libertades y con el socialismo fueron constantes, como lo fue su aspiración de trabajar por y para la ciudadanía.

    Tini comprendió que Gijón, una ciudad deprimida y lastrada con muchas asignaturas pendientes, sometida además a duras reconversiones de carácter industrial, necesitaba reinventarse, redefinirse, buscar en su propia esencia para encontrar motivos de los que sentirse orgullosa y lograr, así, salir del bache. Él, que se había forjado en la lucha antifranquista, supo interpretar el momento histórico y entendió que la ciudad tenía que conectarse consigo misma estableciendo un doble diálogo: de un lado, con ese mar al que, inexplicablemente, había dado la espalda durante mucho tiempo; del otro, con una ciudadanía numerosa, y no siempre asistida, que necesitaba servicios y mejoras que repercutiesen para bien en su calidad de vida.

    José Manuel Palacio, el anterior alcalde, había comenzado la tarea renovando infraestructuras que resultaban imprescindibles para cobrar un nuevo impulso, y Tini partió de ese gran trabajo previo para dejar su impronta en una ciudad que desde entonces, y para siempre, permanecerá vinculada a su recuerdo. La recuperación del Cerro de Santa Catalina (con la instalación allí del ‘Elogio del Horizonte’, esa magnífica escultura de Chillida que se ha convertido ya en un símbolo para las gijonesas y los gijoneses); la creación de la playa de Poniente sobre los terrenos de los viejos Astilleros del Cantábrico; la urbanización y consolidación (casi la reinvención) de la zona de El Llano; la concepción de nuevas instalaciones deportivas y de la red de centros municipales que vertebraron los distintos ejes urbanos y permitieron que los barrios se sintieran tan importantes, tan implicados en la ciudad, como el propio centro; la concepción y la materialización, en suma, de un Gijón al servicio de sus habitantes. La interpretación de la ciudad como una gran red social en la que personas, organismos e instituciones se conectaban para generar una corriente de vitalidad que lo impregnaba todo y llegó a generar admiración en toda España.

    Entendió que Gijón tenía que defender su identidad, pero también enriquecerla, e hizo de ella una ciudad abierta que rehabilitaba su patrimonio histórico-artístico al mismo tiempo que impulsaba el Festival Internacional de Cine, que reabría su flamante Teatro Jovellanos mientras inventaba la Semana Negra, que impulsaba la Feria Europea de Teatro para Niños y Niñas a la par que incorporaba los escenarios gijoneses al circuito de grandes conciertos internacionales. Tini supo, en definitiva, hacer de Gijón una ciudad inteligente, culta, osada, activa y reflexiva. Una ciudad que gracias a él entró con fuerza en el siglo XXI y cuyo nombre brilló con luz propia en todos los mapas.

    Por eso su pérdida, que supone una gran tristeza para toda Asturias, se hace especialmente dura aquí. Porque esta ciudad sabe que debe a Tini una buena parte de su razón de ser. Supo materializar ese ideal socialista que dice que la política ha de ser una herramienta para mejorar la vida de las personas, y tuvo la capacidad de ver hacia dónde caminaban los derroteros del futuro y hacer todo lo que estuvo en su mano para que la ciudad donde nació y vivió encarase con garantías los retos que se le presentaban por delante. Fue uno de esos políticos que marcan época, y cuya gestión les trascenderá porque ha dejado una huella tan reconocible que será imposible que la ciudad se desprenda jamás de ella. Fue, en definitiva, el gran alcalde de Gijón. Y para mí supone un orgullo compartir sus mismas ideas y haberlo tenido como compañero en el partido al que dedicó los mejores años de su vida.

  • La educación, el arma más potente contra la desigualdad

    • Artículo del secretario de Educación de la Agrupación Socialista de Gijón, Alberto Ferrao, publicado en El Comercio

    La violencia de género es una lacra en nuestra sociedad. Datos y estadísticas que no son números, son vidas y sufrimiento. Datos que son el más trágico resultado de la desigualdad existente entre hombres y mujeres. Datos que deben ser revertidos legislando pero sobre todo educando hacia la igualdad efectiva y real en nuestro país.

    Pablo Casado opinaba sobre la ideología de género como un colectivismo social que el centroderecha tiene que combatir. Hoy, habla de violencia doméstica y denuncias falsas (0,078% desde 2009) doblegándose a VOX y su discurso que dice que la legislación en violencia de género discrimina a los hombres. Diatriba que pretende desacreditar las medidas puestas a disposición de las mujeres víctimas de violencia de género y que han salvado vidas. Ante estas políticas siempre estará enfrente el PSOE como partido que considera la igualdad de género un principio fundamental en su proyecto de sociedad. Los pasos dados hacia ese objetivo irrenunciable son constantes. La importante aprobación en 2004 de la primera Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, estableciendo un marco legal para la prevención, protección, persecución y castigo contra las parejas o exparejas, o desbloquear en 2018 el Pacto de Estado contra la Violencia de Género, aportando a los PGE doscientos millones para actuaciones de proximidad en CCAA y municipios, son ejemplos en materia de políticas de igualdad.

    Políticas en donde la educación, como herramienta fundamental para poder cambiar la sociedad, tiene una importancia clave en la eliminación de este problema estructural del país. La educación es un camino lento, sin atajos, pero es la única vía posible para generar una sociedad igualitaria y terminar con los asesinatos por violencia de género en España. Es imprescindible educar desde las primeras edades, eliminando estereotipos, generando modelos sin sesgo de género, usando los espacios de manera coeducativa. Se debe formar a los jóvenes, convirtiéndoles en agentes activos de la lucha contra la violencia, dándoles información para conocerla, para saber dónde están y cuáles son las primeras señales del maltrato, evitando un papel pasivo, denunciando o siendo apoyo de quien sufre las agresiones, y creyendo en la igualdad efectiva y real entre géneros como objetivo irrenunciable. Y se debe educar a la sociedad a través del aprendizaje permanente, mecanismo de desarrollo personal durante la vida, fomentando el conocimiento encaminado a la igualdad y a la eliminación de la violencia de género en nuestro país.

  • Un sector clave para el desarrollo de Asturias

    • Artículo del secretario de Economía de la Agrupación Socialista de Gijón, publicado hoy en La Nueva España

    Mientras asistimos a un debate sobre la transición energética, sus plazos y, sobre todo, la manera de llevarla a cabo, los socialistas tenemos claro que nuestro sector industrial es, y seguirá siendo, clave para el desarrollo de Asturias.

    No existe ninguna ambigüedad sobre la importancia de un sector que aporta el 20% de nuestra economía y sobre la defensa del empleo y la infraestructura que permite su desarrollo, y más en una comunidad donde hemos sufrido sucesivas reconversiones.

    Somos conscientes que se han conseguido logros en la diversificación del tejido productivo asturiano, tanto en tecnologías de la información como en manufacturas y equipos industriales, pero todos estos logros tuvieron como origen la industria metalúrgica y las fuentes de energía que permitieron su desarrollo. Para mirar al futuro debemos de ser conscientes de nuestro presente, y a día de hoy el sector del metal, y todo lo que lo rodea, incluyendo el suministro energético, es clave para nuestro desarrollo.

    La elevada capacitación laboral asturiana ha sido fundamental para la competitividad y el mantenimiento de este sector. También el acceso a fuentes de energía abundantes y a precios razonables. En este contexto, debe ser prioritaria la definición de un marco tarifario que favorezca un suministro eléctrico competitivo. La transición en los modelos de generación eléctricos no debe de perder de vista este aspecto. La reciente aprobación, por parte del Gobierno Socialista, de medidas como el futuro Estatuto de los Consumidores Electrointensivos o el desarrollo de las redes de distribución cerradas suponen un avance en este campo que debería beneficiar a nuestro tejido productivo. No obstante, aún se debe hacer más.

    En esta transición de modelo energético, mientras se discuta sobre los nuevos tipos de generación eléctrica, debe tenerse en consideración la creación de puestos de trabajo y el mantenimiento de los mismos a la hora de su desarrollo en nuestra comunidad. Asturias, con sus más de 3.000 Megavatios de potencia instalada en sus centrales termoeléctricas, debe de tener aseguradas las alternativas en cuanto a infraestructuras de generación como en sus redes de transporte, distribución y suministro. No nos olvidamos tampoco de las palabras del ahora Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, cuando se comprometió a poner a nuestra comunidad a la vanguardia de la transición energética y liderando una descarbonización «justa y dialogada».

    La amenaza de la deslocalización de la industria es permanente, pero el Partido Popular solo ha tratado de combatirla bajando los salarios a través de su reforma laboral porque en sus 7 años de gobierno no ha movido un dedo para mejorar la competitividad de nuestro sector eléctrico ni para adecuar nuestra industria a los compromisos adquiridos por España en los acuerdos medioambientales Internacionales como el de Paris, firmado por el gobierno de Rajoy en 2015 y ratificado en 2017.

    Es injusto que quien no ha tomado una decisión durante todo el tiempo de sus mandatos culpe al actual gobierno por hacer ahora su trabajo, pero este es el terreno en el que se ha movido la derecha en nuestro país.

    Independientemente de quien ocupe el gobierno de España los socialistas asturianos, aparte de trabajar por la necesaria competitividad de nuestro sector industrial, debemos de estar con nuestros trabajadores, porque son ellos y no a los fondos de inversión a quien nos debemos.

  • Otra oportunidad perdida para Gijón

    • Artículo de Santos Tejón, secretario de Economía de la Agrupación Socialista de Gijón

    Podemos argumentar razones subjetivas para analizar la incapacidad del actual gobierno de Foro en Gijón, pero al final los fríos datos de los números están ahí en forma de presupuestos, y estos datos se mire por donde se miren, son demoledores.

    El equipo de gobierno ha decidido que en 2019 la ciudad se vea sometida a una nueva prórroga presupuestaria, pero lo esencial es que la gestión económica municipal está condicionada por un Plan Económico Financiero que la alcaldesa ha decidido aplicar a pesar de su rechazo por el Pleno. Una situación a la que se ha llegado por la incapacidad del gobierno para ejecutar el presupuesto año tras año, que ha ido reduciendo nuestra capacidad de gasto en aplicación de la Ley de Estabilidad Presupuestaria aprobada por el Partido Popular y que recibió el apoyo decidido de Foro Asturias en el Parlamento, sin calcular las consecuencias para el Ayuntamiento de mayor envergadura que están gestionando, el ejemplo más significativo es que el gasto en inversiones sociales se ha reducido de 24 millones a 21.

    Por otro lado, en la evolución de ingresos y gastos en los últimos ejercicios, los gastos corrientes han crecido más que los ingresos y esto conlleva la reducción paulatina de la capacidad de financiación municipal, que es lo que permite, por ejemplo, destinar dinero a programas sociales y fija el límite para las inversiones financieramente sostenibles. Debido a los bajos porcentajes de ejecución (menor de un 40% en inversiones) el remanente líquido de tesorería, es decir el dinero que se queda sin gastar, tiene que ser destinado para la amortización de la deuda, salvo que se dediquen a inversiones financieramente sostenibles.

    Un dato, en 2017 hubo que destinar 15 millones a amortización anticipada de deuda por no haber terminado las inversiones financieramente sostenibles en el plazo legal.

    Consecuencia de todo esto, nos encontramos que para 2019 no hay partidas para los presupuestos participativos, ni para el desarrollo del plan de movilidad, ni para otros temas como el plan de fachadas, rehabilitación de barrios degradados, etc. que quedan relegados esperando tiempos mejores. Y no nos olvidamos de otras iniciativas del anterior gobierno socialista como fue la asignación y reparto de inversiones a distritos, algo que ya es historia por culpa de la nula capacidad negociadora de los ediles foristas.

    En definitiva, un desastre por parte de estos gestores de “La nueva política”, que entraron en el consistorio convencidos de gestionar mejor que nadie el sector público, pero que han chocado con la realidad sin saber dónde se han metido, y los más grave sin conocer los problemas que puede generar su nula iniciativa por no saber o no querer tomar decisiones. Si bien es cierto que a veces su pasividad ha sido mejor para nuestra ciudad que cuando han actuado conjuntamente junto con sus socios de PODEMOS, porque las consecuencias de sus iniciativas para las políticas presupuestarias y sociales han sido lamentables y las estamos viendo en las noticias, en las colas para la obtención de ayudas sociales y hasta en el alumbrado navideño.

    Por parte del Partido Socialista de Gijón, aun revisando con preocupación estos datos, estamos analizando que se podría hacer para revertir esta situación porque tenemos claro cuáles son las limitaciones presupuestarias que hay actualmente, pero también que en nuestro partido tenemos el conocimiento, la experiencia y las motivaciones suficientes para revertir esta situación y conseguir los recursos que Gijón se merece cuando los ciudadanos nos vuelvan a dar su confianza tras las elecciones de Mayo.

     

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