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«Gijón es lo que es por haber dado a la cultura un papel fundamental»

Noticia: El Comercio, 3 de mayo de 2020.
Fotografía: Miguel Barrero, delante del ordenador, en la biblioteca de su domicilio. Lleva confinado desde la primera quincena de marzo (El Comercio).

«Evidentemente, la Semana Negra no va a poder ser como hasta ahora. Nos han pedido el Antiguo Instituto para los encuentros literarios» | Miguel Barrero, director de la Fundación Municipal de Cultura

Miguel Barrero (Oviedo 1980) lleva sin acudir a las oficinas de la Fundación Municipal de Cultural desde el viernes 13 de marzo. Esta semana ha presentado con la alcaldesa, el edil de Cultura y la gerente de Divertia un plan local para amortiguar el golpe de la industria cultural y creativa que califica de «realista». En el plano personal, dedica el tiempo confinado en su casa a «teletrabajar, leer, escribir algo y aprender a tocar la guitarra».

-¿Cómo se justifica un plan de choque de cinco millones en exclusiva para el sector cultural?

-Porque es un sector especialmente vulnerable ante esta crisis que, desde que se decretó el estado de alarma y hasta no se sabe cuándo, se ha quedado sin contratos y sin ingresos de ningún tipo. Es un sector que genera bastante empleo porque la cultura no son solo los actores de primera línea y los grandes músicos que conocemos, porque hay mucha gente detrás que permite que se desarrolle esta actividad. Y porque la cultura es un elemento fundamental en la vida de las personas. La cultura es la memoria de la humanidad y se fabrica día a día. Además es un elemento que hace ciudad y Gijón en buena medida es lo que es hoy por haber dado a la cultura un papel fundamental en sus políticas de los años 80 en adelante.

-Pero sabiendo que no hay recursos para todos, ¿no cree que otros sectores que mueven más empleo y actividad económica pueden sentirse agraviados?

-No creo que el sector de la cultura esté por encima del comercio o de la hostelería, pero por debajo tampoco. Están a la par. El Ayuntamiento no desatiende a ningún sector. El que el plan de choque de cultura sea el primero en presentarse no quiere decir ni que sea el último ni que haya otras sectores que no vayan a ser apoyados. Lo que no sé es por qué la cultura siempre se ve como algo secundario o prescindible y la última del escalafón cuando no es así en la realidad.

-¿Qué medidas destacaría de entre toda la panoplia que incluye el plan de choque?

-En primer lugar, el incremento en las ayudas por concurrencia al sector. Las ayudas a grupos profesionales de teatro y danza se sitúan en 75.050 euros, lo que supone triplicar lo que se dio el año pasado. Las ayudas a las artes plásticas y audiovisuales suben a 52.550 euros y hemos abierto una línea nueva para el sector editorial gijonés de 24.000 euros. Esa batería de ayudas es importante, como también lo es el compromiso de reprogramar lo que se ha tenido que cancelar con el hecho de priorizar en la contratación a las compañías asturianas y españolas. Y creo que puede marcar un camino interesante las posibilidades que abre la programación en espacios urbanos que vamos a tener que hacer obligados. Estamos en una crisis muy fastidiada, pero si se le echa imaginación también puede generar soluciones o nuevas ideas de cara al futuro.

El voto de los actores
-Algún malpensante podría argüir que con estas ayudas se puede tejer o estrechar una red clientelar con afines.

-No sé a quiénes votan los actores ni los músicos ni los escritores y tampoco me interesa. En lo último que pienso, sinceramente, es que si la gente del sector me va a votar por esto. Yo estoy aquí para gestionar la política cultural y lo podré hacer mejor o peor, pero desde luego nunca pensando en que si este vota al PSOE o este no.

-La oposición les critica que se preocupan más en los anuncios de grandes medidas y que bajan poco al detalle.

-Eso es falso. Llevamos un mes pensando en este plan. Hay que tener en cuenta una cosa. La situación actual es muy variable y exige una readaptación diaria o cuando menos semanal. En ese orden lo primero fue calibrar en cuánto dinero podíamos incrementar el apoyo directo al sector y una vez fijado eso las bases de las ayudas de concurrencia ya están redactadas y espero que salgan pronto y todo lo que se ha anunciado está en fase de desarrollo, porque otra cosa buena que va a traer esto es que vamos a instaurar un protocolo de coordinación entre Divertia y la Fundación de Cultura que debería ir más allá de la crisis y la postcrisis porque se ha visto necesario que las estructuras culturales de la ciudad sean una.

-¿Cómo va a afectar el impacto de la crisis santiaria al desarrollo cultural de Tabacalera y la definición del plan de usos?

-Seguimos trabajando en el diseño del proyecto y en la idea de realizar licitaciones para que el centro cultural pueda empezar a funcionar en este mandato. Hay que tener en cuenta que en esto, como en todo, estamos trabajando casi en el alambre y la red que hay debajo disminuye por momentos. Hacer previsiones más allá de uno o de dos meses es complicado porque no sabemos a qué nos vamos a enfrentar.

-Como autor de ‘La tinta del calamar’ sobre la figura de Rambal y su crimen no resuelto, ¿qué le parece la iniciativa para ligar su nombre a Tabacalera?

-Que se reinvindique la memoria de Rambal me parece siempre estupendo. He visto la propuesta y no he tenido mucho tiempo para analizarla. A mí me gustaría que el centro cultural Tabacalera mantuviera como edifico histórico su identidad con la alusión tanto lo que fue como a las mujeres que trabajaron en él. Pero que haya allí un recuerdo a Rambal tampoco me parece mal e, incluso, es pertinente. Quizás se podría llamar así a la sala escénica. No es incompatible una cosa con la otra.

-¿Puede anticipar cómo será la Semana Negra de este año?

-Evidentemente, no va poder ser como era hasta ahora. Ellos tienen en la cabeza varias opciones y una de ellas pasa por celebrar los encuentros literarios en el Antiguo Instituto, para lo cual ya me han pedido permiso. Después de evaluarlo les hemos explicado que no hay problemas en que se haga siempre y cuando que se diseñe un protocolo que permita que todo se desarrolle conforme a la normativa que esté vigente para garantizar la seguridad de los escritores y la ciudadanía.

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