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La memoria del exilio, en puño y letra

Noticia publicada en La Nueva España 23/10/2019

Fotografía La Nueva España: Por la izquierda, Rosa Calvo Cuesta, Enriqueta Ortega Valcárcel y la presentadora del acto, Begoña Menéndez Canal, ayer, en el salón de actos de la Escuela de Comercio de Gijón. MARCOS LEÓN

Rosa Calvo y Enriqueta Ortega repasan a través de 19 historias familiares la marcha forzosa de republicanos asturianos

En la placa que da nombre a una calle de Francia puede leerse: «Vicente García. Resistente deportado a Buchewald y transmisor de memoria». Es uno de los reconocimientos que recibió en el país vecino el sierense Vicente García Riestra, quien se exilió a Francia durante la Guerra Civil para no acabar como su padre, fusilado en Oviedo, o como uno de sus hermanos, cuyos restos acabaron en algún lugar de Noreña. Su historia y la de su familia es una de las 19 experiencias vitales de exiliados republicanos asturianos que se recogen en el libro «El exilio republicano en Asturias. Historias de vida», que ayer fueron desgranando sus autoras, Rosa Calvo Cuesta y Enriqueta Ortega Valcárcel en la Escuela de Comercio de Gijón, dentro de las II Jornadas de Memoria Histórica organizadas por el PSOE de Gijón. El libro ya había tenido una presentación anterior el pasado mes de julio.

Las historias son un compendio de las distintas fases del éxodo republicano durante el conflicto. Primero se evacuó a los menores, los niños de la Guerra, luego a madres y abuelas con niños, después a familias con hombres mayores, heridos o sin capacidad para el combate, la huida de los combatientes republicanos y por último el exilio tardío con la marcha de familiares de exiliados para su reencuentro en el extranjero.

Historias como la de García Riestra, a quien Francia le otorgó la Legión de Honor por su lucha en la resistencia contra los nazis. Este republicano asturiano, que llegó a Francia con su madre y varios hermanos fue detenido por la Gestapo, fue el último superviviente español del campo de Buchewald, donde pasó 15 meses antes de que los aliados liberaran ese campo de exterminio nazi. Salió, primero con un carné de apátrida y con los años se nacionalizó francés. Murió el pasado mes de mayo a los 94, si ver cumplido su sueño de que el Estado le reconociera su nacionalidad española, a la que nunca había renunciado, sin obligarle a pedir algo de lo que le privó la dictadura de Franco.

Escapar de Franco para enrolarse en la lucha contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial es un denominador común de muchos de los exiliados republicanos. No solo de los combatientes que pudieron ponerse a salvo tras la caída del frente norte, como Emilio Álvarez Mongil «El Manco», que alcanzó a nado un barco, herido y cuando ya entraban las tropas franquistas, y participó activamente en la resistencia francesa y acabó recluido en Buchewald. También visitaron campos nazis mujeres asturianas como Olvido Fanjul Camín, una de las cuidadoras que acompañó a los niños de la guerra que se exiliaron a la URSS, detenida por los nazis en Leningrado y recluida en el campo de Pavensbrück.

Los que tuvieron que escapar también tenían en común que pertenecían a familias en las que la «conciencia de clase, la lucha por la justicia y la democracia les viene de lejos, de generaciones, desde tiempos del siglo XIX en los que toman conciencia republicana», según explicó Enriqueta Ortega.

El sufrimiento en estas familias, numerosas, fue por partida doble, tanto los que permanecieron en Asturias como los que se exiliaron. «La parte que quedó en Asturias sufrió la represión; la represión y el exilio fue la consecuencia de haber luchado en el bando que defendió el sistema democrático y las libertades; que defendió la República», agrega Ortega.

Alguno de los protagonistas de libro explicó a las autoras con especial énfasis el especial mérito de las mujeres exiliadas «para sacar adelante a los niños, a los mayores y heridos, apañándose como pudieron para que los niños no fueran conscientes de lo que estaba sucediendo», como explica Rosa Calvo su entrevista con el ovetense José Flórez Alonso, quien aún hoy intenta localizar sin éxito a otra familia ovetense, la de Pilar Tresguerres, con quien la suya entabló amistad en el exilio.

Fuera, los españoles buscaban a españoles, explicaron las autoras del libro. Incluso era frecuente que hijos de distintas familias de exiliados acabaran casándose. Alguna de estas historias también se cuentan en el libro, entre cuyos protagonistas están Ángeles Flórez Peón, Maricuela; Olga Álvarez Carrocera, sobrina del héroe del Mazucu o José Maldonado, el último presidente de la República en el exilio que antes de terminar su periplo en México trabajó como leñador en Francia.

En todos con los que hablaron las autoras no se aprecia «ningún sentimiento de odio ni de venganza. Solo esperaban que el Estado les reconociera de alguna manera, pero han pasado los años y no esperan ya nada», señala Enriqueta Ortega. Un reconocimiento que si llega, lo hará tarde, apunta Rosa Calvo.

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