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La ultraderecha está dentro de la derecha

Poco más de 100 días ha tardado Carmen Moriyón en convertir la política municipal en un vodevil, en una triste comedia, basada en la intriga y el equívoco, enraizada en la más rancia picaresca. Acaba de terminar el primer acto, con la alcaldesa declamando “se acabó”, mientras anuncia que rompe un pacto con Vox, que no ha roto, porque se ha quedado con el concejal de Vox, que piensa como Vox, pero actúa como Judas, renunciando a sus siglas (no a sus ideas) por unas monedas. Carmen Moriyón ha fabricado un tránsfuga, hecho a su medida, para mantener la mayoría absoluta, bajo la mirada complaciente del PP.

Parafraseando al capitán Renault en la película Casablanca, cuando dice: “¡Qué escándalo!, aquí se juega”, mientras coge el dinero abandonado en la redada que él mismo ha organizado, Moriyón manifestó: “¡Qué escándalo!, la ultraderecha ha entrado en mi gobierno”, mientras negociaba con el concejal de Vox la manera de dejarle a él en el gobierno, librándose de la mala prensa de las siglas de Vox.

Nuestra alcaldesa se ha alineado así con otras dirigentes de la derecha española, tristemente célebres: la Esperanza Aguirre del Tamayazo, que le dio la presidencia del gobierno de Madrid, a cambio de ¿¿??; la Díaz Ayuso, que echó a Ciudadanos del gobierno y convocó elecciones ante el riesgo de una moción de censura en Madrid que podía prosperar por el hartazgo de su gestión de la crisis sanitaria, contratos a familiares incluidos, “¿por qué no seguirles, si les ha salido bien?” piensa la alcaldesa.

Y es que Moriyón no tiene reparos, ni problemas, en romper promesas: “No gobernaré con Vox”, dijo en campaña y se puso a negociar con ellos nada más ver que, con PP, FORO y VOX, la derecha-ultraderecha sumaba 15 concejales, mayoría absoluta. “Vox está fuera de la pantalla”, contestó con desparpajo a la prensa estos días, mientras ocultaba que uno de los concejales de Vox jamás perdió las competencias delegadas de la alcaldía. Moriyón, como presidenta de Foro Asturias, firmó en 2020, un pacto anti-transfuguismo, pero ahora mantiene la mayoría absoluta en el ayuntamiento de Gijón gracias a un tránsfuga.

Con estos mimbres, esta alcaldesa, que se autocalifica de “dialogante”, ha empezado a imponer sus políticas: contratación de 6 escoltas, para “protegerla” a ella y su gobierno, renuncia a aprobar una normativa de movilidad adaptada a las leyes europeas, (negacionismo climático), negativa a construir un nuevo pabellón deportivo en La Calzada… Todo ello entre equívocos y mentiras, como en un buen vodevil, porque en política, todo vale.

El PP de Gijón ha entregado el poder a un no-partido, FORO, que no dejó en los 8 años que gobernó nada que mereciera la pena. Y lo saben. Además, ha apoyado la inclusión en el gobierno de Vox y acaba de dar su bendición a una operación de transfuguismo fabricada desde la alcaldía.

El transfuguismo tiene el rechazo de los políticos democráticos porque se basa en la corrupción y porque, si un cargo público no comparte las ideas de su partido, lo lógico es abandonar, el partido y el cargo. La derecha gijonesa, que gobierna, no ha sido capaz de frenar esta operación de transfuguismo porque sus dirigentes han hecho suyas las ideas de la ultraderecha. Esto les aleja tanto de la mayoría de la ciudadanía y del buen gobierno que van a tener que aplicarse la máxima de Groucho Marx “Nunca pertenecería a un club que admitiera como socio al alguien como yo”.

Artículo de Opinión de Begoña Fernández Fernández, vicesecretaria general de la Agrupación Municipal Socialista de Gijón/Xixón. Publicado en El Comercio el 15 de octubre de 2023

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