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Los acomodadores de Gijón dicen adiós a la playa

Noticia publicada en el Diario El Comercio el miércoles 9 de septiembre de 2020

Foto de Arnaldo García

Levantar a 700 personas por la pleamar, ayudar a minusválidos o recibir casadielles, vivencias de los 38 empleados de Serenos en 90 días

«Han sido tres meses muy positivos. Arrancamos el 8 de junio con el objetivo de que la gente estuviese cómoda y lo conseguimos con creces gracias a que los usuarios tuvieron, en general, un comportamiento ejemplar». Lo dice Alfredo Jiménez, coordinador del equipo de acomodadores del Arbeyal. El suyo fue uno de los tres equipos integrados por serenos que durante este verano se han encargado de controlar los aforos a los arenales gijoneses, así como orientar y acomodar a sus usuarios.

Amistad con «míticos»

Las situaciones más complicadas se dieron en San Lorenzo cuando decidieron cerrar la playa al sobrepasarse el aforo con las pleamares. «Nos vimos obligados a levantar de la arena a 700 personas, porque subía la marea, y trasladarlos a otra zona. Y, claro, mientras se reubicaban no podía entrar nadie más. Lo primero era garantizar que se pudiese mantener la distancia. La primera vez sorprendió mucho, luego la gente se acostumbró», explica Aurora Montes, responsable del servicio y coordinadora del equipo de San Lorenzo.

Tres meses de playa dan para mucho. Incluso para hacer amistades con los «míticos» de cada escalera, esos usuarios habituales que no fallan nunca y que acabaron tratándolos como de la familia. «Nos traían agua fría, bolsas hechas a mano para meter la mascarilla y hasta casadielles», enumera el acomodador Diego Sierra. Además, hay gente con movilidad reducida o con alguna discapacidad a los que ayudabas a bajar muchos días y con los que acabas estableciendo un vínculo», relata la acomodadora Paloma Medina. También agradecen el apoyo de otros equipos de profesionales que compartieron las largas jornadas estivales: «Policía Local, Salvamento, el equipo médico, la gente de la Cocina Económica… Todos nos trataron como a verdaderos compañeros», destaca Montes.

Sin embargo, no todo fueron buenos gestos. «Menuda paciencia tuvieron, porque hubo gente que los trató fatal y con poco respeto y no hay derecho. Hicieron una labor estupenda», asegura María José Aparicio, usuaria de la escalera 12. Otros opinan que se van demasiado pronto. «Tenían que haber empezado antes y terminar al mismo tiempo que el servicio de Salvamento, no entiendo por qué acaban tan pronto», comenta Paloma Piñera.

Sabor agridulce

Los acomodadores se van con un sabor agridulce. Para la mayoría, supone volver a estar desempleados por el momento. Esta experiencia pionera para los serenos ha demostrado que «podemos ser muy útiles. De hecho, creo que nuestra figura sería necesaria para regular las entradas de los colegios, por ejemplo», propone Medina.

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