• Vicente Álvarez Areces es nombrado Hijo Predilecto de Gijón

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    • El Pleno municipal otorgó por Unanimidad la distinción de Hijo Predilecto de la ciudad a nuestro compañero Vicente Álvares Areces a título póstumo

    • Intervención del Portavoz del Grupo Municipal Socialista en el Pleno de Honores y Distintinciones del Ayuntamiento de Gijón el 13 de marzo de 2018

    La herencia recibida, esa expresión tan manida en política, es justamente la que hoy nos trae aquí. La buena herencia, la herencia de quien entendió la política como un instrumento para mejorar la vida de las personas. La digna herencia de un ciudadano que entendía la política como la búsqueda permanente de acuerdos a favor del bien común y rechazaba esa pérfida moda de hacer política en base a la destrucción del adversario.

    Vicente Álvarez Areces fue, ante todo y sobre todo, un infatigable servidor público. Un político honesto, de profundas convicciones democráticas que luchó contra la dictadura y por la libertad, actuando siempre con compromiso, pasión y eficacia. Fue alcalde y Presidente pero, sobre todo, tal y como dijo su compañera, fue un guerrero que nunca dio una batalla por perdida y que murió luchando.

    Hoy su ciudad reconoce como hijo predilecto a quien no solo llevó Gijón en el alma sino también en su cabeza. Es la forma en la que esta corporación municipal formaliza el agradecimiento, el afecto y el respeto que miles de ciudadanos le rindieron en su despedida.

    El tesón, la fuerza y el empuje de este gijonés del barrio de la Arena introdujeron a la ciudad en la modernidad, dotándola de servicios y equipamientos, pero dándole algo mucho más importante: esperanza y confianza. Como escribió Jaime Poncela, “su objetivo era cambiar el espíritu colectivo de los gijoneses, renovar la fe cívica en las posibilidades de una ciudad que veía morir una época y se encontraba sin recursos ni ideas para enfrentar la siguiente”.

    Él no solo soñó con convertir a Gijón en una referencia sino que lo hizo tras tomar las riendas de una ciudad asediada por el pesimismo de la reconversión. El vendaval Areces, el chaval del barrio de la Arena que jugaba al fútbol en San Lorenzo, el perito, el estudiante y profesor de la academia libertaria de la calle Cura Sama, el matemático, el político comprometido con la justicia social, tenía ya un nuevo Gijón proyectado en su cabeza y el firme propósito de sumar voluntades ciudadanas para hacerlo posible y hacerlo de todos y de todas.

    Pero el suyo no fue un viaje en solitario. Muy al contrario, supo crear equipos e integrar en ellos a personas de diferentes procedencias y cualificaciones que contribuyeron decisivamente a convertir los proyectos en realidades. En sus doce años como alcalde supo rodearse de muchos hombres y mujeres que, cada uno en su faceta, arrimaron el hombro bajo la batuta del maestro para que el nombre de Gijón sonara bien afinado allí donde se hablara de modernidad y de futuro.

    Con pulso firme aplicó la más precisa cirugía urbanística transformando los arrabales en barrios dignos de ser el centro de cualquier ciudad mientras abría puertas y ventanas para que Gijón volviera a mirar al mar. Y no solo a mirarlo, también a pasearlo y disfrutarlo como algo propio. La recuperación del antiguo puerto, la creación de las playas de Poniente y El Arbeyal, la apertura y reforma del cerro de Santa catalina, el parque del Rinconín, la senda del Cervigón o el parque de la Providencia llevarán siempre recuerdo de su huella.

    A la modernización de los barrios se unió la creación y ampliación de otros nuevos como Montevil, Moreda o Viesques. Del Gijón que se ve y luce al oculto pero imprescindible, con el desarrollo de una moderna red de saneamiento en las zonas rural y urbana que puso fin a problemas endémicos, como las inundaciones tras lluvias un poco intensas que sufría buena parte del municipio.

    De la Cábila a la Avenida del Llano, de la playa de la Casera a la del Arbeyal, de la imagen gris de aquel tren de Oscar con el que Garci proyecto la ciudad al mundo al Gijón multicolor solo mediaba la tenacidad de un alcalde y su capacidad para generar acuerdos que hicieron posible cambiar la vida de sus vecinos y vecinas.

    Un alcalde que transformaba lo físico sin olvidar la importancia de poner el conocimiento al alcance de todos, impulsando la actividad educativa y cultural así como su expansión por todo el concejo a través de la red de equipamientos públicos y la colaboración con entidades vecinales y culturales.

    Quiso un Gijón saludable y lo llenó de instalaciones y actividades deportivas. Soñó un Gijón lleno de cultura, de libros con la Semana Negra, de cine con su Festival Internacional o de esculturas como el Elogio del Horizonte, de Eduardo Chillida.

    Soñó calidad de vida para la ciudadanía y una tierra que ofreciese oportunidades para seguir viviendo y trabajando aquí. La generación de nuevos polígonos industriales, el diseño del primer Parque Científico y Tecnológico de España promovido por un ayuntamiento, los planes de empleo locales, la pelea para que el Musel fuera el gran puerto que es o la conversión de la Laboral en una ciudad dedicada a la cultura, la educación y la innovación fueron una muestra de ese empeño, sin olvidar que supo aderezar el optimismo y la ilusión con música, con nombres que jamás hubiéramos soñado ver en Las Mestas, el Bibio o El Molinón como Tina Turner, los Rolling Stones, Bruce Springsteen o Bob Dylan.

     Tal vez por todo esto, por haber llevado la modernización de una administración hasta la puerta misma de cada casa, por hacer que sus vecinos y vecinas se sintieran partícipes de lo que ocurría, el alcalde y presidente Areces será siempre Tini, el hombre de verbo extenso y paso rápido, siempre cercano.

    Caminar con él por la calle era siempre una lección de política, de cómo la cercanía y el afecto son potentes armas para convencer al adversario. Cuando la globalización arrecia y todo se confunde para parecer lo mismo, se hace indispensable reflexionar serenamente sobre las identidades, buscar un eje integrador, flexible, abierto y dialogante. Y Vicente Álvarez Areces también era eso. Construyó ciudad pero construyó, por encima de todo convivencia y sentido de pertenencia a una comunidad, convirtiendo los conflictos en una dialéctica de voluntades sobre la que alcanzar acuerdos.

    Decía Nelson Mandela- con quien también compartió tiempo- que “nuestro mayor temor no es a la oscuridad sino nuestra propia luz”. Tini no solo no tuvo miedo sino que enfocó la luz de su pasión hacia un camino de prosperidad que el tiempo demuestra cada día que fue el acertado.

    En política lo importante no es estar sino saber para qué estamos y que cada servidora o servidor público, cuando deje sus responsabilidades, sea capaz de hacer una reflexión profunda y sincera de cuál es su balance, cuál fue la herencia recibida y qué deja en herencia a los siguientes.

    En el caso de Álvarez Areces, su mejor herencia va más allá de haber llevado la ciudad al siglo XXI. Su mejor herencia es haber cambiado la forma de ver y disfrutar la ciudad, de pensar en el futuro, de afrontar con respeto las diferencias y convertirlas en una oportunidad. El respeto, el cariño y el afecto de sus vecinos y vecinas es una gran prueba de que su legado sigue presente y de que permanecerá ya no solo en sus obras sino en cada uno de los rincones de esta ciudad.

    Por todo ello, los concejales y concejalas de diferentes grupos municipales proponemos la concesión del título de Hijo Predilecto de Gijón a Don Vicente Alberto Álvarez Areces, Alcalde de Gijón, Presidente del Principado de Asturias pero, sobre todo, una persona decente y comprometida que hizo de nuestra ciudad su pasión y su vida.

    Permítanme hoy una pequeña licencia personal, la del sentimiento hacia el compañero, hacia el maestro, hacia el hombre generoso. La de quien se impuso tal vez una de las tareas más difíciles – y que más falta nos hace hoy en día-: vivir con los ojos bien abiertos sin dejarse derrotar por la desesperanza de un mundo que se construye en negativo a base de medias verdades. La de un hombre dispuesto siempre a arrimar el hombro, a luchar desde su profunda convicción democrática, siendo partícipe a pie de obra, sin reproches, sin rencores, siempre con respeto y cortesía hacia quienes pensaban diferente.

    Para Tini Areces Gijón o Asturias no eran un simple sentimiento que lucir en la solapa ideológica. Gijón y Asturias estaban clavados mucho más adentro, en su mismo corazón. Esa pasión de ser ciudadano era la que le hacía pelear por lo que creía justo para su tierra dando siempre un paso más cuando todo el mundo se había dado ya por vencido

    Más allá de la valoración personal que cada cual haga de su gestión, más allá de las diferencias ideológicas, hoy queremos reconocer una forma de entender la vida pública que para muchos servirá como faro que alumbre la esperanza en la densa niebla de estos tiempos convulsos. Saber que hay otra forma de hacer política, con mayúsculas, con convicción y esperanza, sin sembrar rencores. Que más allá de la desavenencia hay un campo para cultivar el encuentro, el respeto y sobre todo el trabajo.

    Esa fue su lucha. Y esa seguirá siendo la de muchos de nosotros.

     

    Muchas gracias

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